Acuérdate, Señor, de tu
alianza; no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a
defender tu causa; no olvides las voces de los que te buscan.
Réspice, Dómine, in testaméntum tuum, et ánimas páuperum
tuórum ne derelínquas in finem. Exsúrge, Dómine, et iúdica causam tuam, et ne obliviscáris quaeréntium te.
Oremos:
Dios eterno y todopoderoso, a quien confiadamente podemos llamar ya Padre
nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos,
para que podamos gozar después de esta vida, de la herencia que nos has
prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Celebrante:
Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, para que, acordándose de su
promesa, escuche la oración de los que nos hemos reunido en su nombre:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor.)
Por la paz que desciende del cielo,
por la unión de las Iglesias y por la salvación de nuestras almas, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los que trabajan por el bien de
los pobres, por los que ayudan a los ancianos y por los que cuidan a niños y
desvalidos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los que están abatidos o
sometidos a una prueba, por los que están en peligro, por el retorno de los
extraviados y por la libertad de los encarcelados, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los que en este momento están
orando con nosotros, por los que hemos pedido en nuestras oraciones y por el
reposo eterno de nuestros hermanos difuntos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios omnipotente y eterno, que con tu poder dominas la creación; escucha
nuestras oraciones y haz que te reconozcamos presente y activo en todos los
acontecimientos de nuestra historia, para que sepamos así afrontar las pruebas
con serenidad y avancemos confiados hacia la paz de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, los dones que le has dado
a tu Iglesia para que pueda ofrecértelos, y
transformarlos en sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Glorifica al Señor, Jerusalén,
que te alimenta con lo mejor de su trigo.
Lauda, Ierúsalem, Dóminum, qui ádipe
fruménti sátiat te
Oremos:
La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor, y nos afiance en la luz de tu
verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.